David Ruiz, de 37 años, es matemático y fotógrafo. Le gusta leer desde muy pequeño y, ahora que es adulto, se preguntó si sería capaz de escribir algo que él mismo fuera capaz de leer. La oportunidad se le abrió al apuntarse a un taller de escritura. Tenía que escribir un relato a la semana. David empezó a darse cuenta de que todo lo que escribía tenía algo en común. Sus pequeñas historias estaban ambientadas en el lejano Oeste y sus protagonistas eran indios y vaqueros de aquel territorio. “¿Por qué? ¿Por qué siempre escribo sobre lo mismo?”, pensó David. La respuesta es ‘Manual para coyotes’, su libro, en el que amplía y recopila esos relatos.
Parece que se ha vuelto a poner de moda el género del cuento dentro de la creación literaria y David Ruiz ha sabido aprovecharse muy bien de ello. Tentando a la mala suerte, ‘Manual para coyotes’ recoge 13 relatos en los que ha volcado todo el imaginario de los westerns. Porque, ¿quién no ha visto una película del Oeste? Estas producciones cinematográficas vivieron su época dorada en las décadas de los 40 y 50. En los años 60 comenzaron a proliferar los ‘spaghetti western’, que sufrieron su decadencia en la década posterior.
En 1992, la película ‘Sin perdón’, de Clint Eastwood, volvió a poner de moda el género, mostrando, paradójicamente, el declive de los grandes héroes del desierto. En 2010, ‘Valor de ley’, de 1969, tuvo un ‘remake’ con mismo nombre que supuso un éxito de taquilla. Por otro lado, el español Mateo Gil se introdujo en este género en 2011 con ‘Blackthorn. Sin destino’. Fernando Valls, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y mentor de David Ruiz, piensa que “el mundo del western aún da para contar historias. Es uno de los elementos de la cultura popular que ofrece la posibilidad de convertirlo en un tema del presente. David ha resucitado un género de otra época. Se ha ido al Oeste del pasado para traernos temas que nos siguen interesando”.
Amistad, amor, pasión, deseo, viaje, aventura… Son algunos de los temas universales y actuales que se tocan en las películas del Oeste. De hecho, no hay ningún filme o libro en los que no aparezcan algunos de ellos, sino todos o la mayoría. Pero, ¿qué pretende ser ‘Manual para coyotes’? En los famosos dibujos animados, el coyote era el malo que siempre perseguía al correcaminos sin éxito. ¿Será este conjunto de relatos una guía para aprender a ser un coyote, uno de los malos, un tipo duro del ‘far west’?
El bueno, el malo. ¿Y el feo?
Los Estados Unidos de América se crearon al borde de la ley, bajo la premisa de la conquista de un territorio que anteriormente estaba poblado por los indios. Así fueron formando los colonos un nuevo orden, una nueva sociedad. Los grandes clásicos del western se basan en esta idea y suelen dejar a los nativos mal parados, hasta ‘Bailando con lobos’, en la que ellos se presentan como ‘los buenos’. David Ruiz ha decidido huir de estas convenciones y en sus historias nos presenta simplemente a personajes. A él le llamaba la atención la fragilidad de los héroes. El gran pistolero que había vencido en numerosos duelos podía ser abatido si le disparaban por la espalada saliendo del saloon desprevenido y con unas cuantas copas de whisky de más.
Generalmente, el héroe de las películas del oeste tiene que cumplir una misión que le lleva a adentrarse en algún momento en el desierto, en ese terreno grandioso, inhóspito, apenas explorado, donde sabe que va a tener que demostrar su valía. La prensa de mitad del siglo XIX se hacía eco de esas historias de vaqueros y forajidos y le ha servido a David Ruiz para documentarse sobre esos sucesos en los que se basan sus 13 relatos de ‘Manual para coyotes’. El autor contextualiza cada una de las aventuras que ha escrito facilitando la fecha y el lugar donde tuvieron lugar y los personajes implicados.
Poco más de 100 páginas en las que las palabras están colocadas matemáticamente –el autor es licenciado en Matemáticas– y que van llevando al lector a ese clímax de los westerns en el que se sabe que es inevitable que el personaje de turno tenga que defender su honor en alguno de esos ásperos entornos, en alguno de esos paisajes indomables.